La mezcla de la arquitectura tradicional mediterránea y los elementos contemporáneos bioclimáticos y ecológicos crean un paisaje doméstico de absoluta vigencia.
La orientación, los grandes paños de vidrio al sur, sus gruesos muros con los pequeños huecos imprescindibles al norte y la distribución de los espacios obedecen al eje que marca el recorrido del sol. Todo está pensado para adaptarse a la luz y al calor del sol, los vientos y el entorno físico para conseguir un acondicionamiento natural de la temperatura, la humedad y la luz.
La fachada y los muros exteriores están realizados en enfoscado rústico blanco. Algunos espacios llevan el acento de colores terrosos logrados a partir de pigmentos naturales o con azulete.

La casa se construye en una sola planta, situada a aproximadamente 1´5 m por encima del terreno, ofreciendo un campo visual por encima de la pinada, descubriendo una hermosa vista al mar. Tan solo el salón albergado en un gran pabellón cúbico sobresale como una torrevigía por encima de la casa, dominando el entorno y acaparando el horizonte.
Las terrazas, que ocupan la mayor parte de la parcela, albergan la piscina -una larga calle de natación climatizada- y diferentes espacios acondicionados con gravilla, árboles y arbustos típicos de la zona y que requieren un mínimo de riego y mantenimiento.


Hemos vuelto descaradamente la espalda a la carretera
en el lado norte, aislándonos del mundo, para abrir la casa completamente
al sur, concentrando la vida en aquellos espacios tranquilos, íntimos
y agradables, bañados de luz y sol frente a un paisaje hermosísimo.
